Muerte y resurrección de la Editorial Praxis

La cultura mexicana volvió a contar con esta importantísima editorial, gracias al tesón de su director.

CARLOS LÓPEZ Y PRAXIS

Agosto de 2015 fue el mes en el que se agudizó el agónico desarrollo de la tragedia que para la cultura mexicana significó la destrucción ―hasta ahora impune― de la espléndida Editorial Praxis, la cual durante más de tres décadas estuvo situada en el número 185, interior 000, de la calle José María Vértiz, en la colonia Doctores de la Ciudad de México.

La importancia de esta editorial es un hecho reconocido no sólo por numerosos intelectuales y escritores latinoamericanos, los cuales han visto publicados allí sus libros de poesía, cuento, novela y ensayo, sino también por parte de fotógrafos y pintores, e incluso políticos cuyos escritos y entrevistas vieron la luz bajo su sello. El criterio de la calidad estética ha sido siempre el eje de su producción editorial, más que las posibilidades de mercadeo de las obras publicadas. Esto, en los tiempos que corren, caracterizados por la medianía editorial —puesta en boga por los estudios de mercado en conglomerados de lectores moldeados en la levedad y el absoluto relativismo (valga el oxímoron) posmoderno— resulta ser una esperanza en que el culto al simulacro y al espectáculo cambie en favor de recobrar la importancia central que para el desarrollo espiritual de los pueblos ha tenido y sigue teniendo siempre el código letrado.

Los libros que publica Praxis están bien cuidados en su contenido y en su diseño formal. Son piezas hechas con «delectación de orfebre», como decía aquel revolucionario acerca del pulimento de su propia fuerza de voluntad, quien también aconsejaba «endurecerse sin perder la ternura». La frase viene a cuento porque es justamente lo que ha tenido que hacer su propietario y director, el poeta Carlos López, Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, de Guatemala, después de que en aquel fatídico agosto del 2015 la inmobiliaria Abec iniciara la destrucción del inmueble que albergaba a Praxis y la vivienda de su propietario, para construir allí un edificio de apartamentos.

En efecto, después de que Carlos López fuera amparado legalmente para que la constructora cesara su actividad y no demoliera los seis apartamentos que él rentaba en el mencionado inmueble de Vértiz, la constructora ―tal como consta en numerosas publicaciones mexicanas de prensa― se las arregló para corromper a autoridades de la delegación Cuauhtémoc y a las del gobierno central de la Ciudad de México, quienes autorizaron a Abec para demoler el inmueble con la maquinaria, los enseres de diseño, las computadoras, las bodegas repletas de papel y de libros, así como la vivienda de su propietario y director, que ―como a todos los que lo conocen les consta― contenía innumerables e invaluables obras de arte pictórico en sus muros, desde el piso hasta el techo y hasta en el último rincón. De hecho, pernoctar en la vivienda de Carlos López era una experiencia que implicaba un contacto directo con la ensoñación que causa el impacto de la dimensión estética de lo concreto.

Fue de sobra denunciado en su momento, por medios escritos y audiovisuales, que la constructora Abec ofreció a Carlos López una irrisoria cantidad de dinero para que abandonara el inmueble, tal como lo hizo con el resto de inquilinos de la vecindad, los cuales accedieron ante las presiones de los abogados corporativos. Carlos acudió a la legalidad y fue amparado, por lo que no accedió evacuar su casa. Fue entonces cuando la destrucción de la misma empezó mientras él dormía. Al día siguiente, sin poder salir de su casa y mucho menos comer, debido a que se lo impedían los sellos que clausuraban su vivienda, Carlos fue entrevistado por la televisión mexicana y allí denunció abiertamente la situación que ahora rememoramos. Después, al romper los sellos para salir y atestiguar que miles de sus libros eran apilados en camiones con destino desconocido, fue apresado por las autoridades y encarcelado. Al ser liberado, él continuó, ya desde fuera del domicilio de Praxis, su lucha por que le fueran devueltos los bienes robados por Abec, los cuales comprendían máquinas offset, dos dobladoras automáticas, dos cámaras de fotolito, una engrapadora de pie de dos cabezas, una guillotina, una retractiladora, su biblioteca personal y el fondo editorial, documentos legales de todos sus bienes y libros originales de los autores publicados en su editorial, equipo de oficina, una rica pinacoteca y pertenencias personales suyas, valorado todo en varios millones de pesos, pero todo tropezó con las artimañas de la justicia mexicana y la burocracia gubernamental, gerente política del poder económico.

A pesar de las gestiones legales y de la solidaridad de los medios de comunicación mexicanos y de innumerables escritores e intelectuales, todo fue inútil, y el poder de la corrupción y el dinero se impuso sobre la justicia y la verdad. Después, el caso fue cayendo en el olvido. Carlos López se enfermó gravemente durante muchos meses y Praxis casi desapareció. Sin embargó, no dejó de otorgar su Premio de Poesía anual y de publicar sus primorosos libros de literatura. El espíritu rebelde de su dueño y director, así como el afecto de un puñado de amigos, hizo que tanto Carlos como Praxis volvieran florecer en la calle Chamizal, de Cuernavaca, desde donde su producción editorial se desarrolla hoy como antes, aunque todo lo tiene que maquilar por el despojo de la maquinaria de su editorial, lo cual dificulta en tiempo y precio sus publicaciones.

La cultura mexicana volvió a contar con esta importantísima editorial, gracias al tesón de su director, pero el caso legal quedó congelado en la desmemoria colectiva, así como la deuda que Abec tiene con él por los bienes robados y por los daños y perjuicios infligidos contra Carlos López, los cuales casi le cuestan la vida. A pesar de todo, Praxis se mueve, y jurídicamente el caso no ha muerto: la lucha de Carlos continúa. Sería de esperar que todos los medios de comunicación y los numerosos intelectuales, artistas y escritores que se solidarizaron con su causa en su momento volvieran a la carga en nombre de la justicia y del imperio de la ley, sobre todo ahora que México está en el umbral de una nueva era política en la que el gobierno obedecerá a la voluntad popular más que a la de las elites y que, como ha repetido en buena hora su líder indiscutido Andrés Manuel López Obrador, su lucha contra la corrupción consistirá no en meter a la cárcel a un puñado de funcionarios públicos corruptos, sino en separar de tajo al poder económico oligárquico del funcionamiento del estado mexicano. Ojalá que esto signifique también justicia para Praxis y para Carlos López.

Publicado el: 04/11/2018 ─ En: Suplemento elAcordeón de elPeriódico

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