Archivos MRM│ATAQUE A ESTADOS UNIDOS:  DIPLOMACIA INTELIGENTE CONTRA FANATISMOS FUNDAMENTALISTAS

La semana que termina hemos asistido a una gran intensificación de la actividad diplomática entre los aliados de la coalición internacional que ha formado Bush con el objetivo de desencadenar su anunciada guerra mundial, secreta y prolongada, en contra del terrorismo. Las negociaciones están siendo tensas porque de lo que se ha tratado es de atarle las manos a los sectores belicistas del ala más dura del Partido Republicano, representante de los intereses de la industria militar, sin por ello dejar de brindar apoyo y solidaridad al pueblo de Estados Unidos. El juego se explica en razón de que muchos de los países que en público apoyan y en privado condicionan su apoyo al proyecto de guerra de los sectores que representa Bush, tienen un legítimo interés en que al fin Estados Unidos y la OTAN intervengan en la lucha contra sus respectivos terrorismos (ETA, IRA y demás), pero al mismo tiempo les resulta inconveniente un guerra masiva y desordenada que desequilibraría sus esferas de influencia en un área geográfica amplísima que, además, alberga algunos de los mayores yacimientos de petróleo del mundo, así como una importante red de oleoductos (construidos y por construir).

La urgencia de relativizar y ordenar la «cruzada» de Bush llegó al extremo de proponerlo para el Premio Nobel de la Paz. Este premio ha servido en el pasado para frenar el avance de los intereses de la industria militar en el mundo, tal como ocurrió en los años ochenta cuando por su medio se quebró el alineamiento que Costa Rica tenía con la Administración Reagan en su guerra contra los sandinistas. Dentro de esta lógica, y ante la amenaza de una guerra mundial indiscriminada cuyo principal objetivo sería el de constituirse en un mercado mundial de armamento, sería deseable que los estadounidenses tuvieran en su Presidente también a un Premio Nobel de la Paz. Mientras los sectores más inteligentes de Estados Unidos y de los países que forman la alianza mundial contra el terrorismo, se las están arreglando para que la tercera guerra mundial sea una guerra con objetivos precisos y no se convierta en una unipolar dictadura militar mundial debido a que con su discurso del 20 de septiembre Bush rompió la legalidad internacional; y mientras las más eficaces acciones diplomáticas matizan por debajo de la mesa su inaceptable ultimatum al mundo («O están con nosotros o están con los terroristas»), en países ideológicamente más atrasados que Afganistán, como Guatemala, cierta derecha fundamentalista, inculta, desinformada y más papista que el Papa, propone no analizar las causas ni los posibles desenlaces de este conflicto mundial sino solamente condolerse y solidarizarse incondicionalmente con la Administración Bush y su axioma hollywoodense de «Buenos contra Malos». Es decir, elevar la proverbial simplicidad del pensamiento bushista a la categoría de Verdad.

Este es el fundamentalismo cristiano que colisiona con el fundamentalismo islámico. Es la mentalidad conventual que opone el sentimentalismo al análisis político y que, en la más pura línea bushista, insulta y acusa a quienes analizan los hechos, de estar del lado de los terroristas. Por suerte, pareciera que las ansias de dominación mundial de la ultraderecha estadounidense, así como sus ecos tercermundistas, están siendo sacudidos por el buen juicio de los mejores intelectuales y ciudadanos de Estados Unidos, que exigen lo mismo que los más ecuánimes aliados de la coalición antiterrorista, a saber: que se destruya al terrorismo, sí, pero que eso no sea el pretexto para coartar las libertades de las sociedades abiertas del mundo, creando así un próspero mercado mundial para las armas made in USA (or Russia).

Publicado el 29/09/2001 — En elPeriódico

Admin Cony Morales