“VOLVER A LA NORMALIDAD” ─ Y decidir si morimos del virus trabajando, o de hambre a salvo en la casa

La fase de “volver a la normalidad” ha empezado ya, y en plena pandemia. En otras palabras, la “normalidad” laboral comienza mientras los contagios y las muertes aumentan.

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Desde la semana pasada se ha hecho notoria en todo el mundo la enorme inversión de las corporaciones en una publicidad que invita a las ciudadanías a “volver a la normalidad” para “salvar la economía”, lo cual hace eco a otras propuestas similares, como la de pedirles a los “abuelos” que se dejen morir para alcanzar el mismo objetivo. El “argumento” de fondo es que la economía sólo es un conjunto de personas, y que se trata de escoger entre la muerte de miles con una economía oligárquica inmóvil, y las mismas muertes y más con esa economía dinamizada.

Dicho de otra forma, no importa que crezcan los decesos de trabajadores si las ganancias de los propietarios aumentan. Que esto suene a “sentido común” para las proletarizadas capas medias y las desesperadas pobrerías, se debe al hecho de que las corporaciones han despedido a millones de trabajadores y que la economía “informal” está paralizada desde que las disposiciones de confinamiento para salvar la vida entraron en vigencia en el mundo.

La fase de “volver a la normalidad” ha empezado ya, y en plena pandemia. En otras palabras, la “normalidad” laboral comienza mientras los contagios y las muertes aumentan. Sobre todo, las de las personas de la tercera edad, que son las que la lógica neoliberal considera improductivas, inútiles y estorbosas, por lo que son el blanco escogido por la política de despoblamiento planetario por medio del coronavirus. El negocio consiste en ahorrarse pensiones de jubilación y seguros de salud, entre otras prestaciones y derechos de la tercera edad; en seguir explotando la fuerza de trabajo juvenil y en privatizar más la salud (hay hospitales públicos vacíos en Estados Unidos) mediante la ansiada vacuna, que saldrá quizá en uno o dos años, luego de que haya suficientes muertes como para que la política de despoblamiento las considere aceptables.

En la prensa de países insignificantes como Guatemala, se puede ya leer a columnistas de la oligarquía o serviles de ella “razonando” con los citados “argumentos”. Es así como el neoliberalismo reconcilia aterrorizar al planeta primero, y luego ablandarlo con otro temor: el temor al hambre con coronavirus. Doble shock. La disyuntiva para la masa es: ante el Estado ausente, escoja si sale a trabajar y muere por coronavirus, o si se salva del virus y muere de hambre en su casa. “Usted decide porque es libre”. Este “sentido común” es el mismo que creó el virus para reducir la población porque el sistema económico no da de sí, ya que su ideal es que el 0.8 por ciento de la humanidad (la oligarquía financiera global) se siga apropiando de más del 70 por ciento de la riqueza mundial. ¿Alimentar al planeta? ¡Bah! Eso no es “realista”. Lo “realista” es que ―por el virus o por otra causa― usted se muera trabajando. Punto.

Publicado el: 29/04/2020 ─ En: elPeriódico