O TRUMP O SOROS ― ¿Globalización depredadora o de cooperación entre las superpotencias?

Es necesario, pues, que las potencias que comparten la multipolaridad del poder sobre el mundo trabajen juntas, y no que compitan violentamente entre sí por las riquezas planetarias.

MRM 4-5-17 Musac

Trump nos indigna por su irracional retórica anti-inmigratoria y su confrontadora postura contra el derecho a la autodeterminación de Cuba y Venezuela. Esto no puede ignorarse, pero hay que ubicarlo en su justo lugar dentro de las prioridades estratégicas del problema central de nuestro tiempo: la necesidad de la convivencia pacífica entre China-Rusia y EEUU, de la cual depende que el planeta ingrese en una fase de globalización alternativa mediante la cooperación de estas tres potencias, o bien que éstas sucumban a una lógica guerrerista que nos hundiría a todos en la destrucción final. Es necesario, pues, que las potencias que comparten la multipolaridad del poder sobre el mundo trabajen juntas, y no que compitan violentamente entre sí por las riquezas planetarias, según una lógica armamentista y suicida de acumulación de capital.

Los neoconservadores y el poder financiero británico siguen soñando con un mundo unipolar todavía de corte imperialista, es decir, depredador de los recursos estratégicos de los países menos desarrollados. Por su lado, el capital que representa Trump sabe que la globalización ha dañado la economía estadounidense y por eso su meta es construir alianzas comerciales en lugar de tratados de libre comercio, lo cual constituye un factor desglobalizador en el actual contexto mundial. Esto, junto a la idea del capital que Trump representa de volver a la productividad física y desechar la supremacía del capitalismo financiero especulador (de Soros) ―que fue el que produjo la crisis del 2008― es lo que anima la frase retórica trumpista de Make America great again.

La idea de volver a la productividad física y de inversión en infraestructura y educación, abandonando la improductiva especulación financiera, es el eje fundamental de la propuesta china de globalización alternativa, en la que el desarrollo de países débiles y fuertes sería igualitaria en términos relativos, en vez de que los débiles sólo cumplan el rol de fuentes de recursos a depredar, como ocurre con la lógica imperialista de la globalización neoliberal que actualmente padece el planeta. Este es el sentido de la propuesta china de la Nueva Ruta de la Seda y del gran Puente Terrestre Mundial, para lo cual solicita la cooperación (y no la competencia) de EEUU junto a la ya vigente cooperación de Rusia, país que, con EEUU, es la principal potencia nuclear del planeta. Si China es la potencia comercial, Rusia es la militar, y en esa calidad funge como contrapeso disuasivo en las áreas estratégicas en las que los poderes occidentales (EEUU, Francia, Israel, Alemania, Gran Bretaña) buscan depredar los recursos del Este de Europa, África, América Latina, Asia-Pacífico y el Medio Oriente. Por su parte, China está comercialmente presente en todo el mundo, notoriamente en Centro y Sudamérica (Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Brasil, Argentina). De hecho, la actual histeria anti-rusa por parte del neoconservadurismo mundial obedece a evitar que Trump una a EEUU en la cooperación con China y Rusia para una globalización de productividad y desarrollo físico.

A nosotros nos conviene la globalización alternativa y de cooperación de las superpotencias. Por eso debemos construir aquí un instrumento político que nos permita ser interlocutores alternativos a la oligarquía ante Rusia, China y EEUU. Y no alinearnos con la geopolítica neoliberal, extraccionista y depredadora. O Trump o Soros.

Publicado el: 22/11/2017 ― En: elPeriódico

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