Una organización popular naciente está sujeta a tropezar y caerse. Y obligada a levantarse, a enmendar errores, subsanarlos, superarlos y seguir adelante. Cuando llegué a Nicaragua en 1979, pocos meses después del triunfo sandinista, divertía y desesperaba ver cómo en las oficinas públicas casi nadie sabía qué hacer ante los trámites que la gente llegaba…