LOS 70 EN LA USAC ― Instantáneas de la memoria individual

Hace unos días, Guayo Sacayón posteó unas fotos del Primer Congreso Nacional de Estudiantes de Humanidades realizado en la USAC en 1970. En una de ellas aparecemos (de izquierda a derecha) Roberto Quiñonez, Miriam Cabrera Passarelli, yo, Ronald Villagrán, Guayo y un estudiante del CUNOC de cuyo nombre no nos acordamos. Cuando vi a Ronald Villagrán, el corazón me dio un vuelco. Me invadieron recuerdos de él y de su burlón sentido del humor en ambientes de Humanidades, de la Escuela de Psicología y del Centro Universitario del Sur (CUNSUR), en Escuintla, lugares en donde coincidimos, y luego evoqué lo que mi imaginación construyó cuando me contaron que el ejército lo había perseguido por las azoteas vecinas a su casa hasta arrinconarlo y matarlo a balazos.

En otras fotos posteadas por Guayo aparecen Alenka y el Piky Díaz, Pierina de Villagrán, Celso Lara y otros estudiantes de la época en la que, gracias a Juan Luis Molina, en 1968 (poco antes de mi inicial viaje a Europa), yo me vinculé para siempre a la USAC, primero como visitante estudiantil y después como profesor-horario. Juan Luis, Guayo y Ronald eran amigos cercanos. Luego aparecieron otros, como los integrantes del equipo de la Revista Alero, en donde publiqué textos primerizos en 1971, aunque en el 69 ya había yo dado a conocer mi primer libro, La debacle. Siempre en el 71, gané el certamen de Xela con mi primera novela, Obraje, la cual escribí mientras mi amigo Luis de Lion hacía El tiempo principia en Xibalbá, ambos siguiendo el mismo experimento de “narración abierta”. Cuando nos conocimos, en el 69, Luis había ya publicado su primer libro, Los zopilotes, el cual intercambió conmigo por La debacle. En el 71 se apareció el Bolo Flores, interesado en Obraje porque él estaba escribiendo Los compañeros, y le presenté a Luis. En el 72 Luis ganó en Xela con El tiempo principia en Xibalbá mientras el Bolo escribía Los compañeros y yo Los Demonios Salvajes y “Matemos a Miguel Ángel Asturias”. En el 75, luego de mi viaje de dos años a estudiar Historia del Arte en Florencia, integramos a Luis como profesor de la Escuela de Psicología. Eran años de intensos debates ideológicos. Entre ellos, el de “severistas” contra “huevistas”.

En 1973 Luis y yo participamos con el Bolo en la “muralización de la USAC”, ideando frases situacionistas al estilo del París del 68. La “muralización” fue un escándalo, dentro y fuera de la universidad, y sin duda un fenómeno cultural urbano de gran impacto, como lo prueban las fotos de Mauro Calanchina. Algunos vestigios de esos murales siguen allí. Otros han sido miserablemente arrasados con lujo de ignorante irrespeto por la historia universitaria.

En esos años trabajé en varias facultades y centros regionales de la USAC. En el CUNOR, los profesores de ciencias sociales fuimos amenazados de muerte por el jefe de la base militar en 1978, año en que el ejército mató a Oliverio, diezmó a la AEU y yo viajé a La Habana al Onceno Festival de la Juventud y los Estudiantes con la delegación de la USAC. El único de nosotros que no renunció al CUNOR porque era cobanero fue ametrallado en su bufete. El CUNSUR, adonde me trasladaron, fue destruido con una bomba incendiaria. Caminé entre sus escombros.

Esos años en la USAC culminaron con las masacres estudiantiles de 1981, cuando yo trabajaba en la Facultad de Medicina, y con la ocupación militar de la universidad en 1985. Luis había sido “desaparecido” en el 84. Yo había llegado a Nicaragua en el 82.

Primer Congreso Nacional de Estudiantes de Humanidades, en la USAC, en 1970. De izquierda a derecha: Roberto Quiñónez (+), Miriam Cabrera Passarelli (+), Mario Roberto Morales, Ronald Villagrán (+ asesinado por el ejército), Eduardo Sacayón y un estudiante del CUNOC cuyo nombre no tenemos. Faltan Juan Luis Molina, Celso Lara, Luis Eduardo Rivera y otros.

Publicado el 02/06/2021 ― En elPeriódico